miércoles, 31 de octubre de 2012

¿Qué ha sido... Jorge Cadete?

La semana pasada volvió a disputarse en Primera División, y ya se echaba de menos, el gran derbi gallego entre Celta de Vigo y Deportivo de La Coruña. Hacía tiempo que no se veía a los vigueses en el escalón más alto del fútbol nacional y por ello pensé en futbolistas que en algún momento vistieron la elástica celeste en la llamada Liga de las Estrellas. Fue así como me acordé del portugués, un delantero que fue internacional pero que pasó por nuestro país sin pena ni gloria, como tantos otros, en la temporada 97-98.

Nacido en Mozambique, hizo de su melena leonina toda una seña de identidad. En ocasiones incluso parecía mentira que debajo de esa mata de pelo habitara un futbolista aunque las crónicas lo asegurarán y escribieran cada semana sobre sus hazañas de cara al gol. Criado a los pechos de la Associaciao Académica de Santarém, allí los hizo de todos los colores y formas, cuarenta y tres en dieciocho partidos.

La cifras llamaron, como no podía ser de otra forma, la atención de los grandes clubes. Por entonces solo había tres alternativas y eligió quizás la que menos opciones de títulos le ofrecía, el Sporting de Portugal. En un principio fue cedido al Vitoria de Setúbal pero en la capital pronto se dieron cuenta de que aquello se le quedaba pequeño y le sacaron billete de vuelta. Cumplió, especialmente en la campaña 92-93, donde se convirtió en el máximo goleador del torneo.

Luego llegó un bajón y la pertinente cesión en estos casos, rumbo a Brescia para ser mas exactos. Aquél experimento, al contrario que el primero, resultó infructuoso. El Sporting, ansioso por deshacerse de él, acordó rescindir su contrato. Fue entonces cuando Cadete, libre, fichaba por el Celtic de Glasgow cambiando de país pero no de colores.

Dicho traspaso tuvo miga y es bastante ilustrativo de la rivalidad con el Rangers. Por alguna misteriosa razón que nada tiene de sorprendente, su transfer se retrasó a pesar de que todos los papeles estaban en regla. ¿El motivo? Que si todo se hubiera hecho en los plazos habría podido disputar su primer Old Firm. Tras las quejas pertinentes y comprensibles ese "desliz" le costó al presidente de la Asociación Escocesa de Fútbol, Jim Farry, el puesto.

El tiempo demostró que las sospechas sobre el buen rendimiento que aquél peludo delantero podía ofrecer estaban más que fundadas. Sus 33 goles en la temporada 96-97 así lo demostraban. Sin embargo aunque él se empeñaba en desmentirlo con gestos tribuneros como aquella vez en la que fue sustituido y de camino a las duchas besó el césped, en la fría e inhóspita Escocia estaba muerto de asco sin su familia. 

En una decisión que parecía acertada y que demostraba que de verdad lo personal le importaba, fichó por el Celta. Pese a que hizo goles, su rendimiento no fue el esperado y más de uno en Galicia le hubiera pagado gustoso el avión y la residencia a la tribu de los Cadete en Glasgow con tal de no haberle aguantado.

Viendo que lo mejor para ambas partes era romper su relación, aceptó una oferta del Benfica compartiendo ataque con su otrora compañero en los católicos, el holandés Pierre Van Hooijdonk. Fue el principio del fin. Aquello acabó con él cedido en el Bradford y al poco volviendo a su Portugal natal para firmar por el Estela Amadora.

Tenía 33 años y empezaba estar quemado del fútbol. Por ello decidió explorar otras alternativas vitales... y se metió en la casa de Gran Hermano con otros famosos. Como era de esperar, aquello no le llenó espiritualmente. Vacío, optó por conceder una entrevista a una televisión escocesa dejando caer que se planteaba volver a los terrenos de juego por si aquello colaba. Y coló. Aquella ciudad de la que un día salió por patas volvió a acogerle.

Aunque algunos podáis pensar que no, en Glasgow no juegan solo dos equipos. El tradicional tercero en discordia es el Patrick Thistle, por el que fichó volviendo del ostracismo y haciéndole un feo al Raith Brothers, con el que incluso había sido presentado. Con la misma falta de seriedad con la que volvió a Escocia se fue de nuevo rumbo a Portugal, tras no cuajar alguna de las propuestas que le llegaron de países como Japón o Qatar, para poner el broche a su carrera en el Pinhalnovense.

Al ser puente este blog permanecerá inactivo hasta el próximo lunes.

martes, 30 de octubre de 2012

Top 10: Ausentes en la lista del balón de oro

Como sucede cada vez que se da una lista cerrada, no todo el mundo acaba contento. Tampoco yo. Por ello vuelvo a hacer una de esas clasificaciones que tanto me gusta publicar de vez en cuando con los que para mi son los diez principales ausentes en la candidatura a los premios de mejor jugador y mejor entrenador del mundo.

10. Antonio Conte (Juventus): Los diez meses de sanción que está cumpliendo por amaños han minado, y con razón, mucho su imagen. Por ello probablemente no opte al premio y por ello cierra esta lista. Sin embargo en lo que se refiere a la parcela deportiva su valía queda fuera de toda duda. El trabajo realizado con la Juventus es y ha sido espectacular.

9. Juan Mata (Chelsea): El año pasado, en el mediocre Chelsea que terminó por llevarse la Champions, fue uno de los mejores jugadores de campo del equipo. Además, su final de 2012 está siendo muy bueno, especialmente en una Premier League, a la que ha terminado adaptándose sin ningún problema.

8. Giorgio Chiellini (Juventus): Es una pieza clave en la defensa de la Juventus y en la de la selección italiana, uno de esos futbolistas que dan solidez a cualquier conjunto y cimentan el éxito sobre sus hombros. Ambas zagas han funcionado como un reloj este año en gran parte gracias a sus actuaciones. Su puesto es menos lúcido pero no por ello menos importante.

7. Peter Cech (Chelsea): Que haya tres porteros nominados, todos ahora mismo a mejor nivel que él, puede que haya influido a la hora de tomar las decisiones. Pero eso no significa que no se reconozca su gran trabajo con el vigente campeón de Europa. Si los títulos también influyen, podría haber tenido su hueco.

6. Bastian Schweinsteiger (Bayern): Uno de los mejores mediocentros del mundo ha sido ninguneado en unas candidaturas en las que podía haber entrado perfectamente. La presente temporada no ha tenido la misma regularidad que la pasada pero con todo a nadie le hubiera sorprendido que estuviera entre los 23 mejores del planeta.

5. Mario Gómez: La lesión de larga duración que arrastra desde principio de temporada ha afectado a sus opciones pero este problema quizás pudiera obviarse con sus números en el pasado curso, donde se proclamó el segundo máximo goleador de la Liga de Campeones con doce dianas y el segundo máximo anotador de la Bundesliga; méritos más vistosos que los de algunos de los candidatos. 

4. Vincent Kompany (Manchester City): Quizás esté hoy entre los dos o tres mejores centrales del mundo, un reconocimiento subjetivo que se une al objetivo de mejor futbolista de la Premier el último ejercicio, donde además se proclamó campeón. Quizás este último reconocimiento pueda ser excesivo pero indica que meterle en el grupo de 23 no hubiera sorprendido a nadie.

3. David Silva (Manchester City): Un reconocimiento no hubiera sido injusto con un futbolista que en la constelación de estrellas en la que se desenvuelve brilla con luz propia. Es determinante, eléctrico y fundamental en el esquema de Mancini. Además ha ganado la Eurocopa con España. Se daban las circunstancias para verle aspirar al galardón.

2. "Cholo" Simeone (Atlético de Madrid): No clasificar al equipo para Liga de Campeones es la única mácula que se le puede poner a un técnico que ha revolucionado a su equipo desde que llegó. Estaba hundido y le ha llevado a ganar la Liga Europa, la Supercopa de Europa y ha coliderar el campeonato nacional siguiendo el ritmo salvaje impuesto por el Barcelona.

1. Ribery: Once dianas y ventisiete asistencias es lo que lleve de momento en 2012. Capaz de firmar varios hat tricks en lo que a pases de gol se refiere, con su coraje y su técnica llevó al Bayern a disputar una final de Champions a la que muchos no hubiera apostado a llegar. Es la estrella del Bayern y todo un icono del deporte rey en la actualidad.


viernes, 26 de octubre de 2012

Caída libre

 
Debo comenzar este post hablando de algo completamente diferente al tema que lo ocupa. El motivo es que debo hacer una matización con respecto a lo que escribí el pasado miércoles sobre Omari Tetradze. Puede que sea gafe, pero hoy se ha confirmado que el técnico ha decidido abandonar el Khimki, el club en el que entrenaba, de mutuo acuerdo por lo que se encuentra ahora mismo en el paro.

Dicho esto, paso al asunto que me traía entre manos. Ayer ante el Málaga se confirmó lo que todos ya sabíamos, que el Milán a día de hoy da verdadera lástima y que está más cerca del ridículo espantoso que de la imagen lúcida y brillante que ofreció hace no demasiado tiempo, cuando Kaka y Shevchenko se encontraban indudablemente entre los mejores jugadores del mundo.

No hay nada, absolutamente nada, que invite a ver un partido del conjunto italiano más allá de la simpatía hacia unos colores que gozan de gran popularidad y comprobar como evoluciona la figura de El Shaarawy, un futbolista de un potencia tremendo que a día de hoy es probablemente el jugador franquicia, y eso que cumplirá veinte años pasado mañana.

Es una situación más que ilustra el caos y el desconcierto de una entidad que navega a la deriva guiada por un entrenador sin carisma, representada por una plantilla carente de estrellas de primer nivel y en manos de un dueño que alcanzó la gloria pero que desde hace tiempo -dados sus desmanes por todos conocidos- está ya tocado y hundido, encerrado en una cueva, alejado de los medios de comunicación y haciendo Dios sabe qué.

Las cosas hace mucho que a los rossoneri se les fueron de las manos. Con la necesidad de ingresar en las maltrechas arcas dejaron envejecer a una plantilla que había logrado cosas grandes demasiado tiempo atrás. A estos los mezclaron con futbolistas de nivel medio fiando el éxito a dos o tres talentos naturales como Thiago Silva, Pirlo o Ibrahimovic.

El modelo auguraba tormenta pero ha desembocado en tsunami cuando se ha extirpado la base del castillo de naipes. El Milán es a día de hoy el más rico del cementerio. Y ni eso, porque ese dinero ingresado por las ventas millonarias está destinado a tapar agujeros. Sin sus mayores activos, sin su identidad, sin nada, la excusa es reconstruir todo desde las cenizas apelando a la juventud de sus nuevas adquisiciones y al crecimiento de los que se han quedado.

Sin embargo Boateng anda desaparecido. Bojan sigue sin adaptarse a Italia. Robinho está más cerca de ser ex jugador. Alexandre Pato disputa un partido y se lesiona tres. Montolivo no puede él solo con el peso del centro del campo. Pequeños fracasos personales que sumados generan un marasmo indescriptible que solo sale a flote porque, a pesar de todo, la calidad marca la diferencia.

Resulta difícil vaticinar cuánto tardará todo en volver a la normalidad, cuándo el Milán volverá a ser el Milán. A recuperar el presitigio en Italia y en Europa. Por lo pronto peligra el pase a la siguiente fase de la Champions en un grupo asequible y los ingresos derivados de ellos. Sin ese dinero se ralentizará el proceso y costará más salir del pozo. Tocará entonces derramar más lágrimas por el ídolo caído. Por el bien del deporte rey, ojalá todo sea un mal sueño.

miércoles, 24 de octubre de 2012

¿Qué ha sido de... Omari Tetradze?


Hace poco más de una semana cumplía años Omari Tetradze, uno de esos futbolistas marcados por la realidad convulsa de una Unión Soviética que se desintegraba a comienzos de los noventa. De hecho este lateral derecho de gran velocidad y con llegada vistió hasta tres camisetas diferentes como internacional. La de la propia URSS, la de ese combinado de transición conocido como CIS (que compitió en lo que se creaban las federaciones de los diferentes países) y finalmente la de la selección rusa.

La realidad demuestra que eligió ese camino pero por las mismas pudo escoger otro completamente diferente. De hecho Grecia intentó darle ciudadanía tras investigar su árbol familiar, una corriente a la que también se unió Georgia. Este último fue el país en el que nació y al que aseguró sentirse ligado pese a escoger otro destino como futbolista de elite. De esos orígenes, eso sí, queda su apellido. Un apellido que, dicho sea de paso, no era el suyo original. Nacido como Osipov, deicidió "castigar" a los comentaristas deportivos a los dieciocho años usando el de su madre.

Los equipos nacionales, decíamos, se rifaban los servicios de un jugador que tenía muy buenas maneras. Su carrera arrancó en el Dinamo de Tibilisi cuando Georgia aún no era independiente y continuó con una cesión en el impronunciable Mertskhali Ozurgeti, actualmente en segunda división. Fue ahí donde "huyó" hacia Rusia y aprovechó para refugiarse bajo el paraguas de la federación del país. 

Afortunadamente en su primera experiencia extramuros fichando por el Dynamo de Moscú contó con la confianza del mito Valeri Gazzaev. Titular bajo sus órdenes, las actuaciones personales le valieron para disputar el Mundial 94, donde le dio una asistencia a Salenko en aquél día histórico en el que el punta le hizo el solo cinco dianas a Camerún. 

Después de aquello se marchó a Alania en el invierno del 95 siguiendo los pasos de Gazzaev, su guía espiritual. Por supuesto no perdió su confianza y eso le permitió seguir representando al combinado de Europa del Este en las grandes competiciones. La siguiente fue, por orden cronológico, la Eurocopa del 96. Encuadrados con Alemania, República Checa e Italia las opciones de pasar eran escasas. Sin embargo sí sería un torneo importante para Tetrazde, al que sus buenos noventa minutos contra los transalpinos convencieron a la Roma.

Los capitalinos se hicieron con sus servicios por dos millones de liras para reforzar la zaga, pero no fueron buenos tiempos para el club. Y tampoco para el ruso, al que empezaron a castigarle los problemas en las rodillas. Carente de regularidad, no excesivamente inspirado en los pocos minutos con los que contaba y consciente de sus limitaciones físicas, decidió rescindir el contrato para que todas las partes salieran beneficiadas.

Le rescató entonces para el fútbol el PAOK de Salónica, con quien recuperó la ilusión y las buenas sensaciones. Hasta tal punto que se puso como meta disputar el Mundial de 2002. Con ese objetivo entre ceja y ceja volvió al Alania rechazando una oferta de Japón pero sus esfuerzos no fueron suficiente para estar presente en la gran cita.

Desilusionado, apuró sus últimos años de fútbol en el Anzhi y finalmente en el Krylia  Sovetov. Allí se inició como asistente en el banquillo antes de volver como entrenador principal al equipo de Makhachkala, del que salió meses antes de que irrumpiera en escena la tormenta de rublos que travistió al equipo. Lo hizo con solo una jornada disputada en la Russian Premier League después de ascender a la entidad para firmar por el Volga Nizhny Novgorod, al que también subió. En la actualidad entrena al Khimki en la segunda categoría. Allí las cosas no van nada bien. Cogió al equipo en mala situación y de momento no logra remontarla. Es último con siete puntos a siete de la permanencia.

Su estilo lo define a la perfección Savicevic, autor del blog "Davai Davai" y experto en el fútbol de Europa del Este: "Se trata de un entrenador peculiar. Sus equipos responden al estilo de fútbol transcaucásico: Ritmo alto, de ida y vuelta constante y con predominio de jugadores muy técnicos".

Aprovecho para recomendaros encarecidamente la Guía Sphera 2012/2013, probablemente lo mejor que podáis encontrar en materia de fútbol internacional. Un servidor ha colaborado con el Sochaux y el Lorient pero lo verdaderamente importante es la presencia de firmas de primera línea como Martí Perarnau, Fernando Evangelio, Axel Torres, Iván Castelló o Guille Uzquiano entre otros muchos. Una delicia imperdible que encima podéis descargar de forma gratuita. 


lunes, 22 de octubre de 2012

El Señor Lobo

Una de las ventajas de este blog es que de vez en cuando puedo filtrar en él confesiones personales. Ahí va una para empezar este post: Probablemente mi película favorita sea "Pulp Fiction". La estructura peculiar usada por Tarantino, su humor ácido y ciertas escenas y diálogos inimitables la convierten a mi entender en una joya que para bien o para mal -dados su excesos de violencia gratuita y su vulgaridad marca de la casa- no pasa indiferente. 

El film está trufado de personajes de lo más peculiar. Uno de ellos es el Señor Lobo. Interpretado por Harvey Keitel, su aparición es corta pero fundamental, liviana pero inolvidable. Para que entendáis lo que os digo, os dejo por aquí un pequeño fragmento de su cuota de pantalla. Aviso, las escenas contienen una ristra de palabras malsonantes.

 

Esa figura, la del hombre que llega a última hora y sobre la bocina para apagar el fuego y solucionar un problema también la hay, por supuesto, en el fútbol. Generalmente la ejemplifica un futbolista que sale desde el banquillo con ganas de comerse el mundo. Poco importa que no haya calentado lo suficiente o que no haya sido elegido entre los once titulares. Pisa el campo y sabe cuándo, cómo y dónde tiene que estar para marcar.

Su oficio es el gol. Sabe lo que tiene que hacer para llevar la pelota a la red y no le tiembla demasiado el pulso a la hora de ejecutar su labor con pulcritud, precisión y premura para deleite de la grada y del resto de los compañeros preocupados que estuvieron batiéndose el cobre de los primeros instantes. Luego, cuando todo parece encarrilado se quita importancia como el hombre trajeado de la película (otro vídeo con exabruptos, aviso).



Y así este rara avis que pasa desapercibido entre los demás protagonistas termina su actuación, abandonando el lugar del crimen en silencio esperando la próxima llamada de auxilio, quién sabe en qué momento. Difícil no asemejar esta figura a la de un punta que poco o nada pega con sus compañeros, un tipo bosnio que sobrepasa el 1,90 pero que vive tapado por los regates inverosímiles de unos compañeros menudos y las trastadas reincidentes de otros.

En la fantasía palaciega del jeque, Edin Dzeko no pasa de mayordomo o picapedrero pero probablemente cinco de cada cuatro equipos darían lo que fuera por contar con él en sus filas. No es el más técnico, no tiene un físico portentoso ni es rápido pero quizás sea a día de hoy -atrás quedan los tiempos en los que el Wolfsburgo ganó una Bundesliga porque él y Grafite así lo quisieron- el mejor desatascador ofensivo del mundo, el duodécimo hombre. No cambia el ritmo del partido pero es capaz de darle la vuelta participando apenas en un par de jugadas.

Este fin de semana su don ha alcanzado la plenitud. Con diez hombres en el campo desde el minuto 23 de partido por la expulsión de Milner, el Manchester City llegaba al 77 perdiendo por 1-0 ante el West Brom, el club revelación en Inglaterra. Primero de cabeza en una falta y posteriormente finalizando una salida a la contra, sus dos dianas volteaban a un choque que estaba perdido. Uno de esos que dan los campeonatos a la postre.

Podría ser anecdótico si no fuera porque solo dos jornadas antes solo necesitó cinco minutos para poner el 1-2 en el marcador contra el Fulham. Igual que la pasada campaña puso las tablas en el dos de añadido contra el QPR en aquél heroico encuentro que decidía el campeonato. Son muescas agónicas en el revolver de un delantero que carece del glamour de sus compañeros pero que no lo necesita. Sus goles dan puntos y al final recibe el reconocimiento en lo colectivo que se le niega en lo individual. Algún día saldrá casi en el anonimato rumbo a otro sitio donde se le necesite. Como el "Equipo A". Como el "Señor Lobo".

viernes, 19 de octubre de 2012

¿Qué ha sido de... la selección nigeriana campeona del Mundial Sub-17 de 2007?

Por cuestiones laborales el pasado miércoles me fue imposible escribir el post que habitualmente dedico a esos jugadores a los que se les ha perdido la pista. Sin embargo tenía pendiente hablaros sobre la historia de toda una selección campeona del mundo y eso es lo que haré hoy. El motivo es que antes, el lunes, y también por trabajo, asistí al Castilla-Las Palmas y descubrí para mi sorpresa en el equipo canario al nigeriano Macauley Chrisantus.

Puede que a muchos no os suene su nombre y que solo unos pocos hayáis oído hablar de Kabiru Akinsola, ese futbolista que fichó el Salamanca y que posteriormente ha pasado por el Cádiz antes de militar en la actualidad, y desde hace poco tiempo, en el Cartagena. Ambos era dos de las estrellas de aquella selección sub-17 que se proclamó campeona en el Mundial de Corea de 2007 venciendo en la final a España en los penaltis. En el caso de Chrisantus, además, se coronó como máximo goleador de una competición en la que estaban nombres como Bojan o Eden Hazard. Esta es la historia de los que fueron sus compañeros.

Oladele Ajiboye: Puede que algún lector recuerde al guardameta de la final por su infructuoso paso por el Pontevedra entre 2009 y 2011, con el equipo ya en Segunda B. Llegó procedente del Wikki Tourists de su país y a casa volvió tras salir de Galicia para fichar por el Shooting Stars, donde milita en la actualidad.

Ganiyu Oseni: Formado en la cantera del Prime FC pasó primero por el Esperánce de Tunis y posteriormente por las inferiores del CSKA de Moscú. Después de aquello regresó al conjunto norteafricano y la realidad es que a día de hoy no se sabe mucho de él. Algunos aseguran que anda jugando en Vietnam. Sin embargo el equipo en el que le sitúan no da datos suficientes como para confirmarlo.

Kingsley Udoh: El central, que hacía las veces de capitán, quiso aprovechar el escaparate para intentar dar el salto a Europa. Lamentablemente no lo consiguió. Se le dio por fichado en el Atlético pero aquello fue un mero espejismo. También se habló del interés de clubes como el Olympique de Lyon, aunque todo quedó en nada. Incluso probó suerte con el Hansa Rostock sin éxito. Hoy juega en el Heartland de su país.

Daniel Joshua: La suya es una historia triste. Poco después de alzarse con el trofeo sufrió un accidente de tráfico que apunto estuvo de sentarle para siempre en una silla de ruedas. Desde entonces lleva pidiendo ayuda para que alguien pueda financiarle un tratamiento en la India que le permita volver a la práctica del fútbol.

King Osanga: Esta campaña ha dado por fin el salto a Europa. Lo ha hecho en las filas del Sochaux, donde ha llegado procedente del Etoile du Sahel, que con anterioridad le había cedido primero a Libia -de donde tuvo que salir por la guerra civil- y posteriormente al Kaduna United nigeriano. En su país natal vistió además las camisetas del Heartland y del Akwa United.

Rabiu Ibrahim: Quizás sea uno de los que más lejos ha llegado, si bien es cierto que su papel ha sido residual primero en el Sporting de Portugal, luego en el PSV y ahora en el Celtic de Glasgow. A finales de 2007 estaba considerado por muchas publicaciones especializadas como uno de los jugadores con más futuro del mundo pero de eso apenas queda nada.

Matthew Edile: Llegó al Salamanca junto a Akinsola como otro prometedor refuerzo para un conjunto charro que se frotaba las manos. Si el delantero ha acabado en Segunda B, peor le ha ido a Edile que juega en el Olot de Tercera. Eso sí, es titular indiscutible y el equipo marcha segundo en su carrera por el ascenso a la división de bronce.

Yakubu Alfa: Este delantero se encuentra actualmente sin equipo tras pasar por algunas ligas europeas de segundo nivel. Primero fue el Helsingborgs el que le fichó procedente del Niger Tornadoes y posteriormente vistió la elástica del Skoda Xhanti y la del AEK Larnaca chipriota, su último club.

Mustapha Ibrahim: Poco o nada se conoce de aquél jugador que tuvo minutos en todos los partidos del torneo. Lo único que se puede encontrar de él como futbolista en la red es que en algún momento de su carrera ha pasado por el Wikki Tourists si bien, que se sepa, ya no sigue allí.

Rafeal Ademola: Una crónica de Primera Regional Preferente balear le sitúa en el Atlético Rafal. Otros documentos en internet aseguran que pasó antes por el Atlético Baleares y por el Constancia de Inca. Como llegó hasta estos clubes y qué hizo antes... una incógnita.

Laide Okanlawon: Como sucediera en aquella selección nigeriana, el portero sigue siendo el reserva de Ajiboye, esta vez en el Shooting Stars. Llegó a estar a prueba con un club de primera turca pero las lesiones acabaron relegándole al segundo plano que ocupa ahora.

Uche Okafor: Era otro de los porteros suplentes de las Águilas Verdes en aquél Mundial. Pasó por el Kaduna United y actualmente se desenvuelve bajo los palos en las filas del Enugu Rangers, uno de los clubes más populares del país.

Usman Amodu: La suya ha sido una semana redonda. El sábado pasado se casaba y justo ayer firmaba un nuevo contrato con el campeón de la liga nigeriana, el Kano Pillars, dando un salto de calidad procedente del Kwara. También pasó por el Al Hilal sudanés y llegó a jugar en el viejo continente, concretamente en tierras rumanas, para el Universidad de Cluj.

Azeez Balogun: Tras pasar por las categorías inferiores de un club que antaño tenía caché como Os Belenenses, subió al primer equipo. En julio de 2011 rescindió su contrato y desde entonces apenas hay noticias suyas.

Lukman Haruna: Es el único que actualmente se encuentra disputando competiciones europeas lo que probablemente le convierta en el que más lejos ha llegado de esta generación perdida. Tras firmarse en la Global Crystal Academy y debutar posteriormente con el Mónaco dando el salto desde las inferiores, fichó por el Dynamo de Kiev, club al que representa en la actualidad.

Sheriff Isa: El mediocentro, reserva en la final contra España, es otro futbolista que juega en Ucrania, en este caso en el Olympik Donetsk. Allí ha llegado el pasado verano procedente del Kano Pillars, vigente campeón de la liga nigeriana.

Uremu Egbeta: No se sabe demasiado de él, solo que en un momento de su carrera pasó como tantos otros por Europa del Este, en concreto por el Pyunik Yerevan armenio. Lamentablemente por falta de datos no puedo precisaros si desde allí directamente se marchó a su actual destino, el Warri Wolves nigeriano.  

Saheed Fabiyi: Según parece nunca salió de su país a jugar fuera pese a su logro. El Sumal, el Akwa y finalmente el Enyimba International, donde se encuentra ahora, han sido los tres únicos conjuntos a los que ha guardado lealtad.

Lukman Abdulkarim: Con aquél Mundial no se apagó su estrella a nivel nacional. Al igual que algunos de sus compañeros disputó también la Copa África juvenil en 2009. Por entonces servía a los intereses del Hakoah Amidar Ramat Gan israelí. Abandonó el club en julio de 2009 y desde entonces su pista se ha evaporado. 

lunes, 15 de octubre de 2012

La gesta de los que se quedaron


¿Qué tienen en común nombres tan dispares como el portugués Nani, el senegalés Ricardo Faty, el francés Patrick Vieira, el suizo Gelson Fernandes, el holandés Luc Castaignos o el sueco Henrik Larsson?. Que a pesar de que cada uno juega bajo el auspicio de una bandera diferente, todos podrían haber vestido a lo largo de su carrera la camiseta que representa sus ancestros, la azul oscura de ese minúsculo archipiélago en la zona occidental de África conocido como Cabo Verde.

Resulta absurdo teorizar acerca del asunto pero es bastante posible que si alguno de ellos hubiera tomado esa decisión en lugar de unirse a selecciones más competitivas, el combinado nacional no hubiera tenido que esperar hasta ayer para firmar su primera gran gesta. Hasta la fecha los caboverdianos vivían de aquél empate sin goles en un amistoso ante la otrora colonizadora Portugal, pero el ejercicio de resistencia perpetrado ayer en Camerún supera con mucho todo lo escrito con anterioridad.

Algunos pueden alegar que los "Leones indomables" parecen más bueyes mansos de un tiempo a esta parte, pero eso no resta ni un ápice de heroicidad a la brillante clasificación para la Copa África de un país que hasta la fecha solo se había limitado a exportar jugadores con destino a territorios en los que el fútbol va ligado con los títulos o al menos con el glamour. Un ejemplo más de la realidad de una patria donde la diáspora es rutina y que tiene a más ciudadanos repartidos por el mundo que dentro de sus fronteras.

Los que se quedaron, bien por sentimiento bien porque su nivel no era considerado apto para desplazarse a otras latitudes, consiguieron ayer en Yaoundé defender el ya de por sí meritorio 2-0 de la ida ante un combinado plagado de nombres con importante cartel y arraigo en algunas de las ligas más fuertes del continente europeo. Corazón y efectividad la de estos "Tubaroes Azuis" que ayer enseñaron los colmillos a un panorama internacional que hasta ahora solo les conocía por sus playas y su producción pesquera, dos de los pilares de una economía que crece cada vez a mayor ritmo dentro de sus modestas posibilidades.

Es el premio a la insistencia de un equipo que ya se quedó a las puertas de formar parte del elenco de participantes en la última edición. En la fase de grupos el ganador fue Mali por cosechar mejores resultados en los cruces directos. Posteriormente perdieron uno de los puestos que daban billete a los dos mejores segundos ante Sudán por la diferencia de goles. Por suerte el proyecto no murió y de la mano de Lúcio Antunes, un entrenador que trabaja al mismo tiempo como controlador aéreo, han tocado por fin el cielo.

Ahora podrá lucir palmito en el mayor escaparate balompédico continental. Probablemente pase sin pena ni gloria por la competición pero nadie podrá quitarles ya la ilusión de su primera vez. La de sentirse por fin importantes. Con el objetivo iniciático ya cumplido en el horizonte aparecen otros dos. Uno, convertirse en un equipo atractivo que anime a los talentos a no desertar. El otro, colocarse entre los cincuenta mejores combinados del mundo. A día de hoy es el 51 por delante de naciones con más tradición como Polonia, Irán, Marruecos o Nigeria. A comienzos de siglo, ocupaba el 182, el más bajo de su historia. Los tiempos están cambiando.

miércoles, 10 de octubre de 2012

¿Qué ha sido de... Sabri Lamouchi?


Comenzemos por el final ya que el status actual de este ex jugador es conocido por casi todos. El palo que supuso para Costa de Marfil caer en la final de la pasada Copa África contra Zambia trajo consigo la salida del entrenador François Zahoui. Para llenar ese vacío la Federación decidió, nadie sabe muy bien debido a qué, darle las riendas de uno de los combinados más potentes del continente a nuestro protagonista, que no contaba con experiencia previa alguna.

Bien es cierto que su carrera como futbolista fue de lo más provechosa pero en condiciones normales algo así no se revelaba como aval suficiente para una tarea tan relevante. Sin embargo conviene decir en su favor que la apuesta aunque arriesgada ha resultado hasta la fecha acertada. Desde que aterrizara en mayo "Los elefantes" aún no han cosechado ninguna derrota, lo que le deja en bastante buen lugar.

Eso sí, este fin de semana deberá pasar la reválida definitiva, la prueba de fuego. Con una plantilla de nivel alto el reto, que a fin de cuentas es un mínimo exigido, pasa por clasificarse para el máximo torneo continental y una vez allí volver a pelear por llevarlo a casa. En cualquier situación, al menos el primer paso debería resultar sencillo. Claro, que los bombos, caprichosos, decidieron emparejar a sus hombres con la potente Senegal como obstáculo que sortear de forma obligatoria.

Y en esas se encuentran, en la eliminatoria a doble partido contra una de las selecciones con mayor potencial ofensivo quizás del mundo. El sábado deberán visitar Dakar y jugárselo al todo o nada, si bien van con las cartas marcadas. El 4-2 de la ida facilita la empresa aunque sirve como toque de atención en la medida en que aquella fue una victoria holgada pero labrada desde el sufrimiento extremo; con una remontada primero y dos goles al final, entre el minuto 80 y el 85.

Será el primer gran reto como entrenador de un Lamouchi ligado a África con anterioridad por medio de unas férreas raíces tunecinas a las que nunca dio de lado pese a aceptar jugar para Francia ante la decepción de sus padres, un carnicero y una ama de casa, que le trajeron al mundo en el problemático barrio lionés de La Duchère, donde comenzó a dar sus primeras patadas.

De personalidad tímida y retraída, pasaba sus veranos en Túnez pagando con responsabilidad la libertad que siempre le dieron en casa, donde solo le exigían que el fútbol fuera un complemente de sus estudios, al menos hasta que se dieron cuenta de que podía vivir de pegarle patadas a un balón, algo que se reveló pronto cuando el Auxerre puso los ojos sobre él con tan solo 23 años, edad a la que despuntaba en el Alés.

Un momento complicado para cualquier joven lo fue menos gracias a ese hombre sabio que era Guy Roux, sumo pontífice, alfa y omega, de la entidad gala. Aprendió a vivir de forma holgada sin pretensiones aunque con ciertas concesiones al lujo. Conducía un Golf al mismo tiempo que regentaba una bodega donde se plasmaba su gusto por los buenos vinos.

Fueron sin duda sus años dorados. Luego llegó la continuidad en el Mónaco y en el Parma, paso previo a su primer grande de verdad. Le fichó ese Inter que contrataba a todo lo que despuntaba pero quizás lo hizo tarde y a destiempo. Con 32 años Lamouchi lo había dado ya casi todo. Fue cedido al Génova y posteriormente traspasado al Marsella. Resucitó allí futbolísticamente pero no le sirvió para seguir en el club.

Empezó entonces un periplo por Catar que le llevó al Al Rayyan, al Umm Salal y finalmente al Al Kharitiyath, donde colgó las botas como profesional. Luego se metió a comentar para Canal Plus, una labor que alternaba y ahora alterna con su pertenencia al "Club de los campeones de la Paz", una organización fundada en Mónaco que persigue, como su propio nombre indica, buscar la paz a través del deporte y en la que hay nombres como El Gerrouj, Capirossi, Loeb o Karembeu entre otros muchos.

Al ser este viernes día festivo, el blog permanecerá inactivo hasta el próximo lunes. Disculpad las molestias.

lunes, 8 de octubre de 2012

El chico ese del país aquél

Aún recuerdo mis dos veranos en Irlanda, en un pueblo no muy lejos de Dublín llamado Swords donde no había mucho que hacer más allá de comprar algo en el supermercado "Spar" loca e ir a tirarse a uno de los inmensos "greens" que pintaban de verde las anodinas vidas de los pobladores. Allí conviví con dos familiar. La primera era una pareja con una niña pequeña que resultó ser de lo más anodina. La segunda era peculiar.

Recuerdo llegar junto al resto de chicos en el autobús y vislumbrar desde la ventana a un hombre prototipo medio del hooligan. Pensé para mis adentros que pobre de aquél que tuviera que convivir con él. Como suele suceder en estos casos, me tocó a mi. Resultó ser a la postre una experiencia de lo más provechosa que me permitió, entre otras cosas, asistir a un partido del Dublín de fútbol irlandés (una mezcla entre el deporte rey y el rugby) junto a los hinchas más radicales.

Mi padre por un mes, cuyo nombre ya no recuerdo, tenía además querencia por el Manchester United y una pasión casi frenética por Ferrari. Los domingos, como un clavo, nos sentábamos a ver la Fórmula 1 y él profería alaridos de satisfacción cada vez que la cámara enfocaba a Michael Schumacher. Yo mientras, guiado por la ilusión, defendía lo indefendible: Que ese asturiano que pilotaba un cacharro de la escudería Minardi acabaría ganando el Mundial algún día. Quizás ahora ese buen hombre se acuerde de sus mofas al respecto de mi opinión cuando ve Alonso peleando por conseguir un nuevo título vestido de rojo.

El caso es que por entonces mi fe en en el piloto español no se basaba en argumentos poderosos, simplemente en la satisfacción de ver a un compatriota terminar las carreras en la elite de un deporte en el que éramos pocos más que un cero a la izquierda, con permiso de alguna que otra actuación digna de Pedro Martínez De La Rosa. Una sensación parecida a la que me produjo ver a Pau Gasol en la NBA vengando el escaso protagonismo del que dispuso el malogrado Fernando Martín. Supongo que los mismos sentimientos que tienen hoy los habitantes de ese minúsculo territorio africano que es Burundi, uno de los diez más pobres del planeta.

De allí, de ese territorio marcado por las guerras civiles, la corrupción y la proliferación del SIDA, que castiga la homosexualidad con penas de cárcel y en cuyo interior la esperanza de vida apenas supera los cincuenta años, salió un día rumbo a ninguna parte Gael Bigirimana; ese compatriota que ayer saltaba al césped a jugar contra el Manchester United para orgullo de jóvenes y niños que sueñan con poder llegar a enfrentarse algún día a los mejores futbolistas del mundo.

Es un pionero, un chico defendiendo los colores de una bandera irreconocible para la mayoría en una de las ligas más importantes del mundo, siendo alguien en un deporte que siguen miles de millones de personas alrededor del globo. Ya había jugado contra los Red Devils en la Copa de la Liga y había disputado algunos minutos en la Premier League, pero esos eran sin duda lo más especiales hasta la fecha por ser su primera gran cita en la competición doméstica ante la grada del St. James Park.

Difícil saber que pasó por su cabeza entonces, si pensó en lo que tuvo que dejar atrás para vivir un momento tan especial o en lo mucho que le había costado llegar a pisar esa alfombra. Criado entre las balas de un conflicto armado mientras corría descalzo detrás de un balón por las inseguras calles de Buyumbura, pronto se desplazó junto a su familia a Uganda en busca de una vida mejor. Allí aguantó hasta que con once años se desplazó junto a su padre y sus tres hermanos como refugiado a Inglaterra, el país en el que ya estaba su madre.

En su maleta llevaba la inocencia y el descaro de un niño así como su pasión por el deporte rey. Ambos factores son los que llamaron la atención de la academia del Coventry, por donde apareció el día después de que se quedara ensimismado con las instalaciones tras un paseo rutinario para comprar leche. Con su inglés macarrónico pidió unirse al club. En un principio le dijeron que tenía que militar en un equipo y que irían a verle. Sin embargo tras dejar sus datos y verle correr a gran velocidad con una sonrisa de oreja a oreja pensando en esa oportunidad futura, le pararon en seco a los pocos metros puede que arrepentidos. Mintió piadosamente cuando le preguntaron si tenía botas y espinilleras, y fue así como se ganó la opción de que le vieran en acción al día siguiente. Volvió para la prueba y, según parece, poco importó que no tuviera el material mínimo exigido.

Esos primeros entrenamientos los contó en su día Ray Gooding, responsable de reclutar jóvenes promesas en el club inglés: "Cuando me dijo que era de Burundi yo no sabía dónde estaba eso. Le puse a trabajar con un grupo y a los diez minutos se acercó a mi para decirme que esos chicos eran peores que él. Después de cada sesión siempre estaba hambriento y he perdido la cuenta del dinero que me debe en 'fish and chips', salchichas y pollo".

Con firmes creencias religiosas, Bigirimana siempre ha defendido que fue víctima de un milagro y ha respondido a esa ayuda divina con trabajo y esfuerzo, siendo el primero en llegar y el último en irse, alternando los campos con los pupitres y mostrándose siempre dispuesto a contarle su historia a todos aquellos jóvenes que quisieran escucharle.

El resto son números. Tras despuntar con el primer equipo en Championship, recogió la pasada campaña el premio al mejor joven de la temporada. Ese logro convenció a los magpies para desembolsar por él un millón de euros. Y todo ello con solo dieciocho años. La duda es saber con qué selección jugará en el futuro; Inglaterra, Uganda, República del Congo o esa Burundi carente de competitividad pero que sueña con disputar al fin un torneo internacional con él al frente. Ese país que por fin aparece en el mapa  futbolístico y que tiene ya una figura que les permite conectar con otra realidad que parece estarles vetada.

viernes, 5 de octubre de 2012

El Guardiola del Este se gradua

A la gesta que la pasada campaña logró el APOEL Nicosia en la Liga de Campeones parece haberle salido dura competencia solo un año después. Es pronto aún para saber hasta dónde puede llegar el BATE Borisov bielorruso pero independientemente de lo que suceda, su triunfo esta semana contra el Bayern Munich, que se une al logrado en la jornada inaugural contra el Lille en Francia, ya es algo que los protagonistas podrá contar orgullosos a sus nietos.

Sin embargo aún queda mucho tiempo hasta que puedan hacerlo ya que nadie en el equipo peina canas, ni siquiera el entrenador Viktor  Goncharenko, que a sus treinta y siete años parece uno más entre sus jóvenes pupilos. Hacia él se dirigen todas las miradas, cargando sobre sus hombros con la bendita acusación de ser el principal protagonista de este cuento de hadas que no es sino la consolidación de un trabajo de gran calidad forjado en las últimas campañas.

Considerado uno de los técnicos con más futuro de Europa después de llevar a su club por primera vez en la historia a la Liga de Campeones en la 2008-2009 y repetir en estas dos últimas ediciones dejando una imagen notable y evitando el ridículo ante clubes de la talla del Milán, la Juventus o el Real Madrid; su escalada hasta la cima no ha sido fácil.

Hijo de un ingeniero de la central nuclear de Chernobyl, perdió joven a su padre como consecuencia de las radiaciones producidas por el desastre del año 1986. Sin embargo antes de que este se fuera le dejó en herencia su pasión por el deporte rey. Su retoño supo aprovechar este legado y honrar su memoria prosperando con el balón en los pies.

Tras pasar por una escuela de fútbol y por el Colegio Republicano de la Reserva Olímpica, se enroló joven en el RUOL Minsk como paso previo a su fichaje por el BATE. Por entonces el equipo de la planta eléctrica y de tractores de Borisov estaba en fase de crecimiento y contaba en sus filas con futbolistas prometedores como Hleb o Kutuzov. Había buenos mimbres pero nadie podía imaginar la década gloriosa que se avecinaba.

Sin ningún título nacional en sus vitrinas ese año llegó la primera Liga. Y tres después, en 2002, la siguiente. Fue el último momento de alegría como jugador para un Goncharenko que se desenvolvía como zaguero pero que vio truncada su carrera con solo 25 años por una grave lesión de rodilla. Un nuevo golpe vital que no minó su espíritu de superación.

Decidido a cambiar las botas por la pizarra y con la mente puesta en el ambicioso proyecto de pintar a su país en el concierto del fútbol continental, se metió en faena comenzando por las inferiores. El siguiente paso natural fue ascender a ayudante del primer equipo y de ahí a máximo responsable, puesto desde el que ha convertido a sus hombres en coleccionistas de trofeos. 

Más allá de los éxitos, en Borisov nunca terminará de agradecerle lo suficiente los cambios estructurales que ha traído su presencia. Ansioso de conocimiento recorrió diversos lugares en busca de inspiración y métodos de trabajo. Uno de esos viajes clave fue el que hizo a Villarreal, una ciudad de la que se trajo a su actual preparador físico, el español Pepe Pastor y al fisioterapeuta Danny Saez, un trabajo el suyo desconocido en aquellos lares por entonces.

Juntos han formado un equipo de trabajo que realiza su labor de forma efectiva beneficiándose de la escasa competitividad de su rivales intramuros y de una forma de jugar bien asimilada que pasa por la defensa ordenada y un excelente desarrollo del juego a la contra. Sus dos triunfos en el mejor escaparte europeo, los primeros de sus tres participaciones, les han permitido dar un paso hacia adelante, el que un día soñó Goncharenko cuando se convirtió, a sus 31 años, en el preparador más joven en disputar la fase final del prestigioso torneo.

Con el dinero recaudado el objetivo ahora es seguir creciendo con un estadio digno que les permita jugar contra los grandes de Europa sin tener que desplazarse a Minsk. Porque ese es el objetivo, seguir paladeando la Champions durante mucho tiempo. Con la ambición de Goncharenko, al que algunos comparan con Guardiola, todo es posible.

miércoles, 3 de octubre de 2012

¿Qué ha sido de... Iván Kaviedes?

 
Entre mis muchas lagunas de conocimiento se encuentra la del diseño de páginas web. Ese es uno de los motivos que explica que el de este blog sea tan sencillo desde sus comienzos. Aún así no hay que ser un experto para darse cuenta de que el portal en la red del ecuatoriano Iván Kaviedes roza el caos más absoluto.

No se aprecia en él demasiado orden y las imágenes en constante movimiento, que rodean al texto central, desquician al lector sin que sepa muy bien a que parte de la pantalla mirar. En cualquier caso, el hecho de que tenga su propio espacio en internet ya habla de la importancia de este futbolista, ídolo en su país en las duras y también en las maduras.

Porque la fama no podrá ocultar nunca que su vida ha sido hasta la fecha un auténtico calvario que siempre ha intentado solucionar con intensas sesiones de golterapia. El balón fue y probablemente sigue siendo ese amigo fiel que le ayudó a sobrellevar una infancia dura después de perder a sus padres en un accidente de tráfico cuando apenas tenía seis años. El drama fue aún mayor tras fallecer sus hermanos pequeños poco después.

Por si fuera poco sus abuelos paternos se desentendieron de él -según cuenta solo cuando la gloria llamó a su puerta dieron señales- y tuvieron que ser los maternos los que sacaran adelante a ese chaval delgado y enclenque que hablaba sobre el césped lo que callaba en la calle, donde se le consideraba un chico tímido con pocas ganas de relacionarse con los demás.

De aquella infancia poco le quedó más allá de la herida abierta, si acaso su apodo del "Nine"; el modo en el que sus compañeros se referían a él en un torneo donde el equipo jugó con camisetas en las que el número estaba escrito con letras. Porque a fin de cuentas eso era él, un delantero de área con recursos suficientes para sortear los estereotipos.

Superados los pasos previos en las categorías inferiores, su debut con el Emelec llegó de forma casual al ser llamado a última hora después de que, por error, uno de los futbolistas convocados no pudiera jugar al arrastrar una amonestación previa. Ese tren que pasó de forma azarosa antes incluso de que él mismo lo hubiera esperado, fue el definitivo hacia la elite.

Dos años necesitó para adaptarse a los rigores de la máxima categoría después de ese debut y al tercero, sin previo aviso, despuntó con matricula de honor. Sus cuarenta y tres goles en treinta y nueve partidos no solo le convirtieron en el recordman nacional sino que al mismo tiempo le valieron para coronarse como el máximo goleador del mundo de aquella campaña en lo que a competiciones nacionales se refería.

Aquella gesta implicaba de forma inminente su traspaso a un club europeo. Varios pujaron por él pero finalmente fue el Perugia el que se llevó el premio previo pago de cinco millones de dólares. Comenzó teniendo minutos pero en el banquillo topó con uno de aquellos hombres que no perdonan la irregularidad, el serbio Vujadin Boskov. Tras dejar muestras de su clase a cuentagotas y negarse a pagar una multa por llegar tarde a una concentración de la siguiente pretemporada, ambas partes decidieron que lo mejor era cambiar de aires.

Y así fue como llegó a España, concretamente a Vigo, una ciudad que acabó haciéndole más mal que bien. Como sucede con otros casos cada verano el punta ecuatoriano llegaba a las pretemporadas con la única duda de saber dónde acabaría cedido ese año. Tras seis meses desde su primer aterrizaje, fue destinado al Puebla mexicano.

Volvió en época estival e hizo las maletas hacia Valladolid. Su estancia allí fue caótica. Arrancó jugando para luego ser postergado al banquillo. Con la llegada de Pepe Moré tras la destitución de Ferraro se hizo de nuevo con el puesto pero lo perdió tras arrojar la camiseta al suelo después de que el técnico decidiera sacarle en el segundo tiempo contra el Málaga y devolverle a las duchas antes de que el partido concluyera. Parecía pues que había acabado su temporada pero inesperadamente Moré decidió alterar su once cuando quedaban tres jornadas para la conclusión de la competición y el equipo se jugaba la permanencia. Un gol suyo sirvió para darle la victoria a su club en Riazor. La siguiente semana recibían la visita del Barcelona, un encuentro que terminaría 2-2 y una chilena para enmarcar del "Nine" en el que a la postre fue considerado uno de los tantos del año en España. Para rubricar la resurrección, se dio el gusto de marcar en el Bernabeu la última jornada.

Aquél fue su último año entero en una entidad durante un tiempo. Volvió a Vigo y en invierno se marchó cedido al Oporto. Con el Mundial de Corea a la vuelta de la esquina y sin opciones de jugar aún tuvo tiempo de marcharse al Barcelona de Guayaquil antes de final del curso aportando quince minutos a la causa.

El avión le llevó de nuevo a Vigo para fichar cual funcionario una nueva pretemporada y, a él se subió cuando esta terminó rumbo a un destino conocido, el Puebla mexicano. En su segunda etapa pasó desapercibido siendo un inquilino habitual del banco. Con el ejercicio terminado su destino estaba escrito en las estrellas. De nuevo veraneo en Galicia. Pero esta vez fue el último. Harto de ser ninguneado por los celestes decidió no ir al aeropuerto para viajar a un stage en Holanda y abandonar el club por iniciativa propia siendo denunciado a posteriori por incumplimiento de contrato. No fue su única decisión drástica ya que ese abandonose extendió también a la práctica del fútbol.

La medida apenas duró unos meses, los que tardó en encontrarse a sí mismo y volver a las canchas con el Deportivo de Quito. Después de aquello retornó al Barcelona de Guayaquil por segunda vez. Habría dos más, las que siguieron a sus fracasos en el Crystal Palace y el Argentinos Juniors. Tras ponerse la camiseta amarilla del club ecuatoriano por última vez, fichó por El Nacional y posteriormente por el Liga de Quito, equipo que le denunció por estafa.

Por entonces su batalla era ya otra. Las drogas y el alcohol se habían convertido en malas consejeras y el propio Kaviedes solicitó ayuda para superar sus demonios siendo internado en un centro de rehabilitación. El ídolo tocaba fondo casi en el anonimato pero con la idea de volver algún día a pisar el pasto.

Afortunadamente aquello ya es pasado y su objetivo se ha cumplido. Retornó en el Macará y posteriormente volvió a enfundarse la elástica de El Nacional. Sus buenas cifras le valieron para recibir una nueva llamada del Deportivo Quito, pero aquello se le quedó grande. Hoy, desde la tranquilidad y con solo 34 años a sus espaldas, después de vivir en muy poco tiempo lo que otros experimentan en toda una vida, apura sus últimos años de fútbol en el Aucas de la Segunda División. 

lunes, 1 de octubre de 2012

El último pálpito de Zamparini

Con la temporada de fútbol europeo aún en pañales es posible afirmar que este fin de semana ya se ha visto uno de los goles del año. El responsable ha sido uno de esos futbolistas franquicia, el delantero del Palermo Fabricio Miccoli. Para todos aquellos que no lo hayáis visto, os invito a buscar en "Youtube" su volea desde casi el centro del campo contra el Chievo Verona.

Una obra magistralmente ejecutada, académica en todos sus tiempos y, por si fuera poco, balsámica. El broche de oro a una de sus tardes de inspiración, la que pedía a gritos su equipo en tiempos de crisis galopante. Los tres goles del punta fueron la gasolina necesaria para lograr la primera victoria del curso y salir de los puestos de descenso.

Ese objetivo debería antojarse menor para una plantilla de calidad contrastada. Sin embargo conviene darle la importancia que se merece teniendo en cuenta la espiral de caos en la que se ve envuelta la entidad, tan similar a la de otros años y al mismo tiempo tan diferente. Y todo porque el actor protagonista ha decidido en los últimos días dar un paso a un lado sin que de momento nadie sepa a ciencia cierta como puede acabar el experimento.

Maurizio Zamaparini (Sevegliano, 1941) es uno de esos personajes que de vez en cuando asoman por el deporte rey. Uno de esos tipos peculiares que no pasan desapercibidos y no hacen nada para que así suceda. De hecho es más bien todo lo contrario, le gusta dejarse ver, que la gente le conozca y glosen su obra, casi inmaculada por cierto hasta la fecha.

De hecho a su peculiar forma de hacer las cosas solo se le conocen un par de manchas, todas derivadas de sospechas de irregularidad en algunos traspasos. En 2010 estuvo cerca de ser sancionado durante seis meses aunque finalmente salió indemne. Algo parecido aconteció en 2008 con la salida de Amauri rumbo a la Juventus.

Al margen de esas sospechas, poco se puede achacar a una gestión deportiva impecable que ha llevado, en apenas diez años, a un club de Serie B rumbo a Europa. No es mera casualidad ya que con anterioridad fue el Venecia el que logró, de su mano, el ascenso de C1 a la máxima categoría. En ambos casos los métodos fueron poco ortodoxos aunque a la postre efectivos.

Porque Zamparini, lenguaraz y polémico, ha demostrado con el paso del tiempo una excepcional impaciencia con los inquilinos del banquillo. A aquellos que defienden la estabilidad en los clubes y los proyectos a largo plazo les ha demostrado que algo así no siempre es necesario. La destitución de Saninno a mediados de septiembre supuso la número cuarenta y ocho de su carrera. Una pieza de caza más que se une a cabezas tan ilustres como las de Prandelli, Zacheronni, Spaletti o Zenga.

El cambio con respecto a otras ocasiones es que esta vez la reforma ha sido integral, al menos de puertas a fuera. Sobre el césped el bastón de mando lo tiene ahora Gian Piero Gasperini y en los despachos Pietro Lo Monaco ha sido nombrado director deportivo tras dejar el cargo por desavenencias con Preziosi en el Génova y pasar de forma tormentosa por el Catania. Él será el que se encargue del día a día del club, apartándose a la sombra Zamparini. Esa es al menos la imagen que se quiere vender ya que nadie se cree que el directivo se desentienda de la situación.

Apuesta arriesgada en el que probablemente sea el momento más complicado en los últimos años de un club que con sus peculiaridades suele hacer las cosas de forma correcta firmando barato y vendiendo muy caro. Su buen ojo es hasta la fecha lo que le ha permitido al Palermo vivir por encima de sus expectativas en lo futbolístico y lo económico. Eso y las decisiones impulsivas. Esta es una más. La duda es saber si Zamparini aún conserva su instinto.